Recuerdo que tenía tanta emoción en el cuerpo que la noche anterior me costó dormir, pero ¿qué esperaba? Al día siguiente iba a salir en busca de delfines y ballenas en Lisboa.
Por fin, sonó el despertador y me levanté de un salto de la cama. Me vestí en un segundo y salí con mi cámara en la mano, directa al puerto donde me esperaba una zodiac con Sid.
Sid es el capitán y biólogo marino con el que compartí 3h de expedición.
Chaleco salvavidas puesto y cámara preparada, salimos del puerto de Lisboa. A medida que nos adentramos al océano atlántico aparecen unos simpáticos delfines saltando y nadando. Recuerdo la sensación de libertad que transmitían.
Seguimos navegando. Las probabilidades de encontrar ese día una ballena rondaban el 6% pero aún así iba con una expectación tremenda.
Iba con manga larga, gafas de sol y crema solar pero aún así notaba como el sol y el salitre estaban haciendo de las suyas. Más tarde comprobé que así había sido (el agua refleja el 20% de los rayos ultravioleta).
De repente Sid paró el motor y pidió silencio mientras oteaba nuestro alrededor. Mi niña interior estaba dando saltos pero conseguí controlarme y esperar pacientemente las ansiadas palabras. Y, finalmente, llegaron: «hay una ballena»
Me puse en pie de un salto, casi me caigo de la zodiac, y me concentré en mirar la zona en la que me señalaba Sid.
– Ahí está. Es preciosa, una rorcual común de unos 18m
Y justo en ese momento un sonido que no olvidaré en mi vida captó toda mi atención. El espiráculo de la rorcual estaba lanzando un soplo enorme, lo que me permitió ubicarla fácilmente.

Recuerdo que fue increíble ver cómo emergía suavemente por la superficie hasta la aleta dorsal para después volver a sumergirse por completo. Así una y otra vez.
De repente, la perdí de vista hasta que a mis espaldas ese sonido volvió a llamarme. Había pasado por debajo de la zodiac. 18 metros de ballena habían pasado por debajo nuestro y no se notó ni el más mínimo movimiento, ni la más mínima vibración.
Al cabo del rato, siguiendo el tip que me dio Sid aprendí a leer el océano y así saber cuándo iba a emerger la ballena. Mi cámara no daba a basto y mis ganas de sumergirme en apnea y poder verla al completo eran casi incontrolables. Pero lo último que quería era invadir su espacio.
Han pasado 7 meses desde que salí a buscar ballenas en Lisboa y aún así se me sigue erizando la piel, y un sentimiento absoluto de aventura me invade el cuerpo cuando recuerdo ese día. No veo el momento de salir de nuevo a explorar las maravillas de este planeta, tanto terrestres como marinas.
Si vas a hacer una expedición así debes tener en cuenta una serie de pautas:
- el respeto hacia el animal es lo más importante
- no debes invadir su espacio
- tampoco darle comida. Recuerda que son animales salvajes y eso no entra dentro de su comportamiento. Si lo hacemos estamos contribuyendo a modificar sus patrones salvajes, los cuales son esenciales para su supervivencia
- lleva contigo una cámara o unos prismáticos, agua y crema solar
Cuando realices una expedición de este tipo asegúrate de contratar a una persona o equipo que primen el respeto por los animales y mantengan siempre las distancias para no alterarles. Por desgracia, hay muchas empresas camufladas como buenas cuando en realidad no lo son. Investiga primero y si finalmente no cumplen esos requisitos pero te das cuenta in situ, no dudes en denunciar esas prácticas.
Espero que este post para ver ballenas en Lisboa te sirva de motivación y ayuda para disfrutar de ellas.



